Surcosonante 2020 - 2019

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El ciclo del agua es infinito, es origen, alimento y destino. La evaporación de los océanos se convierte en nubes, precipitaciones, glaciares, nieve, lagunas, escorrentías, ríos acuíferos e infiltraciones, que finalmente vuelven a unirse con el mar. El agua que recibe el río Rímac (Lima) se origina a 5 000 metros de altura en la región de Junín. Es allí donde los dispensadores hídricos, naturales y artificiales se extienden por toda la región atravesando 40 kilómetros de canales y conductos subterráneos hasta llegar al río Mantaro. Allí se inicia el desvío para la ciudad, atravesando la Cordillera de los Andes hasta la cuenca de Santa Eulalia, que luego se introduce en la represa de Purucmayo y finalmente llega a la Atarjea de Sedapal. Esta reserva un millón y medio de metros cúbicos de agua que ingresan a una planta de tratamiento para convertirse en agua potable y viajar por la red de alcantarillado abasteciendo a un porcentaje de sus ciudadanos. Luego de ser utilizada, regresa a las alcantarillas por la ruta residual. (Alvarado et 2017).

 

La demanda demográfica ha sobrepasado la capacidad de abastecimiento de agua en la ciudad, más de 700 mil limeños no tienen acceso a agua potable a través de las redes de alcantarillado. El crecimiento de la ciudad no ha considerado las rutas del agua pre existentes en el territorio, por el contrario, los flujos han quedado enterrados y la periferia sin acceso al agua.  Los canales de riego Surco y Huatica, son los únicos canales que aún continúan en funcionamiento y con ellos se riegan 711 parques de Lima. El 75% del recorrido del canal de Surco sucede de manera subterránea (Lizarzaburu 2018). No vemos el agua, sabemos que está porque la usamos, pero no conocemos su recorrido, ni sus sonidos, ni la vida que alberga. En el desarrollo de infraestructura invisibilizada materializa la desvinculación entre el habitante y los cuerpos de agua en la ciudad. Un escenario de distanciamiento hacia aquello que esta escondido y tapado.

 

Los canales de regadío fueron utilizados para domesticar plantas y animales, y para construir templos como la huaca de Armantambo en Chorrillos, y Las Salinas en el Agustino. Es a través de ellos que el desierto de Lima pudo convertirse en un valle (ANA 2016). Según los estudios realizados por Gilda Cogorno, los canales de riego en Lima pertenecen al periodo Ychsma situado entre los años (1100 d.C - 1470 d.C). El emplazamiento de los españoles en el valle Rímac está directamente relacionado con la abundancia hídrica en el territorio, que es el resultado de un desarrollo tecnológico con más de 1000 años de antigüedad. Con el crecimiento de la población aumentó la demanda del agua, lo que rápidamente trajo nuevos conflictos, los mismos que se expresaron en disputas de poder entre autoridades, creando escenarios de desigualdad y escasez en la periferia. En el periodo de República, se canalizaron las redes de acequias y desagües con un sistema de alcantarillado, a partir del 1950, tanto los ríos como las redes de canales empezaron a congestionarse y contaminarse más.

 

Hoy los canales de Surco y Huatica permanecen en funcionamiento bajo la administración de la Comisión de Regantes Surco y Huatica. La organización, conformada por representantes de municipalidades, personas naturales y agricultores, se hace cargo de la distribución a los usuarios de forma eficiente. Las redes de canales en Lima, como infraestructura hidráulica, internalizan las relaciones de poder y conflicto que han variado a lo largo de los años respondiendo a procesos de urbanización, crecimiento demográfico, migración, políticas de saneamiento y las necesidades de usuarios, tanto para la producción agrícola como para la gestión de riego de áreas verdes. El olvido, la informalidad, la basura, las pérdidas y el caos urbano han teñido las aguas del canal de conflictos políticos a lo largo del tiempo, especialmente en las zonas periféricas de la ciudad donde las formaciones de Asentamientos Humanos han ido reduciendo cada vez más la franja marginal y los canales se han convertido en una fuente de peligro por los altos niveles de contaminación.

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Surcosonante es un proyecto que propone la escucha como una metodología de acercamiento sensorial hacia los flujos del canal de Surco. Es una apuesta por explorar nuevos modos de habitar y de relacionarnos con el territorio y un esfuerzo por escuchar la resonancia de nuestros cuerpos en relación a los cuerpos de agua ocultos. La acción de escuchar en contraposición a tapar y olvidar, es un ejercicio que propone reconocer y redescubrir su condición vital. Al escuchar el pulso del agua transitamos entre el afuera y el adentro, es reconocer nuestro cuerpo como una membrana permeable, donde los flujos externos entran en dialogo con los flujos internos. Es la investigación a través del hacer y del estar, la experimentación consciente del espacio y la escucha del presente sonoro. El conocimiento corporizado, como lo define el hidrofeminismo, surge de las prácticas, y necesariamente de las experiencias sensibles. (Niemanis 2017)

Junto a Josué Arispe, artista audiovisual, y dos grupos de vecinos en los extremos del canal, en el Asentamiento Humano Víctor Raúl en Chorrillos y en el parque Amaru Yupanqui en Santa Anita, desarrollamos este proyecto entre mayo y septiembre del 2019. Josué y yo les propusimos formar parte de un documental que buscaba hacer sonar al canal de Surco desde las profundidades de sus aguas y las voces de los vecinos.

En el camino fuimos encontrando interesados e interesadas en participar y con ellos empezamos a hacer talleres y entrevistas. Invitamos a ancianos(as), adultos(as) y niños(as)  a escuchar, dibujar y escribir las aguas del canal. Estos ejercicios abrieron espacios de diálogo, entre distintas generaciones, sobre las percepciones y memorias colectivas que alberga la figura del agua en ambos barrios.

 

La escucha de las profundidades del río - que pasaba frente a sus casas - trajo memorias húmedas de los baños y veranos en esas aguas limpias, recordaron los peces de colores que se podían ver desde la superficie y los sembríos y cultivos que nacían de allí.

 

Algunos incluso recordaban otros ríos otras aguas por las cuales habían transitado antes de llegar a la capital. Se activaron diálogos de agua que trascendían la imagen contaminada del canal y llegaban a los oídos de los más pequeños que no habían conocido esos paisajes.

Además, realizamos un taller de animación con el grupo de niños y niñas en el A.H. Víctor Raúl, Chorrillos. La propuesta de este taller fue crear una animación en base a esos recuerdos húmedos del barrio. La señora Maca – una de las madres de los niños, de Chorrillos)- , se interesó por el proyecto y nos abrió las puertas de su casa para poder realizar el taller cada semana. Las historias fueron reinterpretadas y reinventadas por los niños y niñas. La memoria del agua fue el inicio para imaginar y reinventar una historia - diseñada por los niños y niñas- en la cual dibujan esos modos de habitar y coexistir con los flujos de agua en la compleja realidad que eso significa hoy.

A modo de cierre tuvimos una tarde de cine en el barrio. Allí presentamos el documental “Surcosonante” y la animación “El viaje de Esperanza” con todos los vecinos que formaron parte de este proceso. En conjunto, decidimos subir ambos videos a Youtube para que estuviesen al alcance de todos. Estamos profundamente agradecidos por la confianza, apertura y disposición de todos los que participaron de esta experiencia.


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Pensarnos y observarnos desde el agua -entendida como elemento que entrelaza la cultura, el cuerpo y la naturaleza- es un proceso de reconocimiento dentro de nuestra naturaleza humana. Hacerlo implica deconstruir la idea de lo “natural” cómo algo diferenciado de lo “humano” o de lo “cultural”. Cuando nos detenemos solamente a escuchar el sonido se ensancha en el espacio y nos sumergirnos en un viaje rizomático (Deleuze 1997) que activa la memoria de nuestras experiencias multidimensionales con los cuerpos de agua.

 

Dar cuenta de este organismo vivo a través del sonido nos lleva a un lugar profundo e invisible que nos aleja del mundo concreto y disuelve los límites del cuerpo en un espacio desconocido y común. Es la posibilidad de ponernos en contacto con las vibraciones de un vientre interno que recoge y activa las memorias, la recuperación de un vínculo afectivo hacia el territorio.

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Biliografía

Alvarado

2017

 

 

 

Perrault, Tom

2017 

Ziegler, Gloria y

Morales, Mirelis

2020

 

Lizarzaburu

2018

 

Ana

2016

COGORNO, Gilda y CHACALTANA, Sofia 

2018    

“El camino del agua hacia Lima . Agua en un desierto llamado Lima. Especialidad de Periodismo de la PUCP. Consulta: 18 de Marzo de 2020. 

 

http://aguaenundesierto.somosperiodismo.com/camino-del-agua-haci

a-lima/

 

"La memoria del agua: contaminación minera, memoria colectiva y justicia hídrica". A contracorriente: agua y conflicto en América Latina. Quito: Abya -Yala, pp. 93 - 118. 

"Lima lucha contra el coronaviruscon aguas turbias". Ojo Público.

https://ojo-publico.com/especiales/lima-lucha-contra-coronavirus-con-agua-turbia/

 

“Canales Surco y Huatica. 2000 años regando vida” Lima: Limaq 

publishing

Rímac: Historia del río hablador. Lima: ANA

                       

“Arqueología hidráulica prehispánica del valle bajo del rímac (Lima,  

Perú) Estudio de un sistema de riego costeño” Lima: Instituto Riva-Agüero, Pontificia Universidad Católica del Perú